La serpiente del lago Kariba.

2sep


Cuando viajas, sobretodo en barco, por eso de la peligrosidad del asunto y del futuro incierto del día a día, surge una camaradería especial entre las tripulaciones y entre la gente de la mar en general. En estos encuentros casuales hemos conocido gente muy interesante, hemos aprendido muchas cosas y hemos hecho amigos. Y esta entrada está dedicada a uno de ellos y a su barco.

 

Jose me había hablado de los barcos de ferro-cemento con anterioridad, pero nunca habíamos visto uno. Hasta ahora pensaba que era el delirio de un loco, de un loco de esos que por su afán de hacerse a la mar intenta poner en marcha un millón de inventos que flotan con mayor o menor fortuna, porque todos queremos llegar a las Tuamotu pero no todos tenemos un barco que nos lo permita, ni el dinero necesario para hacernos con uno.

 

Los avatares de la historia hacen que en los periodos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, ante la falta de materiales "estratégicos" se tome la idea de Joseph Monier, jardinero de profesión, de fabricar un bote de la misma manera que los grandes maceteros y que fue presentado en la Exposición Universal de 1855 de París (un año antes de la de la Torre Eiffel). 

Ya en la década de los setenta comienza la fabricación de embarcaciones de recreo de este material. Se atribuye la construcción de estos veleros a los "hippies" entiendo que por lo barato de los materiales y por la posibilidad de poder construirlo uno mismo en su jardín. Muchos de ellos no han sobrevivido, pero si algunos, y, entre ellos, el Nyami-Nyami. 

 

Conocimos a su dueño en la primera arribada a Llanes, mientras buscábamos gasolina. Conocimos su barco cuando entramos en Avilés. -¡Mira un barco de los que te gustan a ti!- y ahí estaba, enorme, recio, con sus dos génovas, con el palo más alto de todos los que allí había, con las bordas ataviadas en madera, con más winches de los que puedes contar con los dedos de las manos, con pinta de tener mil historias que contar, con todo lo que hace a un barco ser especial, con lo que le convierte en un verdadero barco "pirata".

En cuanto atracamos, saltamos al pantalán y corrimos a verlo. No habíamos caído en la cuenta de que era el barco del que nos habían hablado hasta que golpeamos el casco con los nudillos. Increíble.

Durante el resto del viaje hablamos de él en multitud de ocasiones, incluso hablamos de lo que haríamos con un barco como ese el resto de nuestra vida. Porque lo ves y no puedes pensar más que en no tener que volver a pisar tierra, en hacerte corsario de ninguna bandera, en vestir como un cíngaro y en convertir tu vida en una novela de aventuras, todo lo que a mi me gusta...

 

Un mes después volvimos a Llanes, teníamos que volver a hablar con ese hombre y decirle que habíamos visto su barco. Queríamos saber más. Estábamos seguros de que tenía una historia.

Casualmente el hombre caminaba por el paseo sobre el pantalán de cortesía. -¡Hemos visto tu barco!-

Creo que pudo adivinar cual era nuestro propósito y quedamos para tomar una cerveza al caer el sol.

Una cerveza...¡o dos!

El nombre del barco no es menos épico que su aspecto. En Zimbabwe, entre la tribu Tonga, existe una leyenda muy antigua a cerca de una serpiente mitológica llamada Nyami Nyami; la cual habita el lago Kariba (que viene de kariwa y significa trampa) y se dice que tiene tres metros de ancho, pero nadie se atreve a adivinar su longitud. 

Y, por supuesto, el barco fue construido en un jardín. En un jardín de Rhodesia, que aún lo era en 1978. Parece que sus anteriores dueños le enseñaron a recorrer el mundo...Hong kong, Sudáfrica, Inglaterra, España, Azores, Ciudad del cabo, Australia, Venezuela...Y ahora le toca a Pablo.

Pablo es otro romántico. Me refiero con romántico a las ganas de disfrutar la vida, de la ya vivida y de la que queda, a la necesidad de hacer cosas excepcionales y a la valentía de tirarse a la piscina y hacerse con una entrada de primera fila para ello.  Pablo y su Nyami-Nyami son un dúo con una sincronía perfecta.

                                                  

                                                         Buena proa, amigo.


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