Resumen de los tres primeros días


Queridos amigos, estimados lectores:

El Amazona está en ruta y no volveremos a vernos hasta finales de septiembre. Estos últimos días no hemos tenido acceso a internet, ni tiempo para publicar un triste post, así que ahora aprovechamos para hacer un breve resumen...

 

Viernes 11 de julio. Santander-El Puntal.

No hacía bueno y no había viento. Ni gota. Nada. Ausencia total. No corría ni una ligera brisita, no volaba ni "la banderita", como llamamos cariñosamente al Pabellón Nacional que va sujeto con dos bridas a popa. A pesar de esto, no queríamos dormir en casa ni un día más y como es costumbre nos fuimos de okupas a la boya de los de las pedreñeras y nos correspondieron con una fiesta en el Primer Chiringuito. Fuegos artificiales incluidos. Son muy majos.

 

Sábado 12 de julio. Santander-Suances (parte I)

Un sol de justicia, un calor de mil demonios, un día de esos en los que las playas están a rebosar y la bahía llena de motoras, de "jesucristos" y de piraguas. Un día de verano de verdad. Un maravilloso día de gallego calentito. Teníamos dos opciones: ir de ceñida mortal con 5 nudos de NO y tardar doce horas en llegar a Suances, o bien, aprovechar el galleguito y arrimarnos a la Ría de Ajo para varar el barco y carenarlo, lo cual no era una mala idea, porque ya se arrimaban peces y cámbaros a comer alguitas y porque..."así el barco no corre, Esther, tía".

Así pues, y periñaca en tupper, dejaba el Amazona la bahía por popa. Ya habíamos varado antes en esa ría, lo teníamos dominado. Este año, además, íbamos con una "auxiliar". Para los no conocedores de la jerga náutica, se llama "auxiliar" a la zodiac pequeñita que lleva en los barcos la gente de bien, para ir desde su barco fodeado a la orilla de la playa, sin mojarse. Estaba todo controlado, ahora podríamos volver al barco si subía la marea.
Tras una entrada triunfal aprovechando las olitas para no tocar con la quilla, largamos ancla en nuestro paraíso particular y mientras la marea terminaba de bajar fuimos al bar. Unas cervecitas, unos cigarritos, una terraza, todo estupendo. Pese a que había partido del mundial decidimos volver al barco.

El plan era: hacer la cena y rascar la mitad del barco que había quedado al aire. Jose se puso manos a la obra y yo, medio trepando, entré al barco. Ahora el suelo era el costado y el costado el suelo, pero como las cocinas de los barcos también escoran, pensé que podía hacer unos espaguetis al pesto tan ricamente. Puse la cazuela con el agua y...superamos la escora máxima permitida por las leyes de la física y por la cocina en cuestión. La cazuela en caída libre, la ley de la gravedad en todo su esplendor ( mecagüen los 9'8m/s2 y en Newton, que en paz descanse) Y...¿Qué había debajo? La bolsa con toda mi ropa. Al levantarla me di cuenta de que el agua se había quedado por encima de la tapa del pañol, pero...si no cierra hermético...¿Cómo puede ser? Pues de ninguna manera, evidentemente. Esta es, por tanto, la historia de nuestra primera vía de agua.


 El Amazona había quedado acostado sobre una poza y por uno de los tornillos del cintón entraba un chorrito de agua, estilo al nacimiento del Asón. A partir de ese momento todo era achicar y achicar y pensar en cómo pararlo. Al final metí un trocito de cable por el agujero mientras Jose mezclaba bolitas de masilla epoxi, el compañero perfecto de viaje en un velero.


 

En la siguiente bajamar no queríamos correr riesgos e intentamos dejar el barco totalmente en seco. No lo conseguimos. A las tres y media de la mañana estábamos cavando alrededor de la quilla y arrastrando el barco para sacar del agua el cintón de la otra banda. Por ese también entraba agua.

Para la tercera bajamar encontramos un pozo en la canal en el que seguíamos flotando.

 Y el domingo descansamos. Como Dios.

Jueves 17 de julio. Santander-Suances (parte II)

Dispuestos a todo. Madrugón y a las nueve y media saliendo de Puerto Chico, otra vez.

Cuando estábamos a la altura de Cabo Mayor escuchamos el primer parte meteorológico del día. Era terrible. Viento del Este Rolando rápidamente al Oeste por la tarde, fuerza 6/7. Temporal. Nada alentador. Parecía el fin de las vacaciones. No íbamos a salir nunca. Todo estaba en contra. Fondeamos en la playa de Bikinis y comimos en silencio. No hablamos hasta que pasó la nube y el viento pareció escasear. Entonces Jose decidió ir


a dar una vueltita a Mouro y poco a poco fuimos escapando del vórtice de la bahía. No parecía que se avecinase ningún temporal. Y a una milla de Suances va y cambia. Y viene la gallegada. Y se revuelve la mar. Y hacemos la primera ceñida de verdad del viaje. De esas en las que vas proa a las olas y te calas de pies a cabeza. ¡Estábamos navegando lejos de casa! Y llegando al primer puerto al Oeste de Santander ¡Por fin en Suances! Y lo celebramos con unas cervecitas y un pulpo a la gallega ¡A lo grande!

Viernes 18. Suances-San Vicente.

NE con lluvia. NE con lluvia y marejada. El mejor día de las vacaciones. Una media de 4'5 nudos, sólo con la génova y con la cacea largada por popa.

No somos unos profesionales en cuanto a la pesca se refiere. Pescamos porque tenemos suerte. Cada diez minutos uno de los dos tira del sedal a ver si ha caído algo y entre bromas y risas, siempre cenamos pez. Hoy dos sardas, una detrás de otra. He tenido que llamar a mi madre para que me dijera como hacerlas. Me han quedado riquísimas, según Jose...


Pescar mola mucho. Cambiar de puerto, más todavía.

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