Villaviciosa-Luanco

31 jun

Después de dormir del tirón toda la noche y de la llamadita de rigor a Salvamento Marítimo Gijón para pedir un parte meteorológico e información sobre el siguiente puerto, esperamos media hora para tener más agua bajo la quilla y salir airosos de la ría. Rumbo a Luanco.

Había una espesa bruma que no nos permitía ver más allá del cabo que teníamos a babor y tampoco se prometía un día ventoso. Un poco de génova, un poco de motor y muchas ganas de hacer millas.

Lejos de refrescar el nordeste, fue cayendo poco a poco y hartos de los tirones de la única vela que había trabajado durante el día, arriamos el foque de raquero que llevamos para ocasiones especiales, es decir, para cuando no sopla ningún viento y sólo contamos con el que genera nuestra propia inercia, el aparente.

Así atravesamos la bocana de El Musel, entre mercantes fondeados y mercantes con prisa por salir.

Cuando llegamos a Luanco, el pantalán de cortesía


estaba colapsado. Terminamos abarloados a un barco inglés, cuyos propietarios resultaron ser encantadores. Estoy empezando a creer que los navegantes, sean de donde sean, tienen un carácter especial, o eso, o es que vivir alejados de los periódicos, de la tele y de la realidad en general, nos hace ser más amables y bienhumorados que el resto de los mortales.

Nos pusimos atuendos de tierra y nos dirigimos a la salida. En la puerta del pantalán nos interceptó un guaje en bicicleta -sois los del balandrín ese azul, ¿no?- y sí, éramos nosotros. No les quedaban llaves para los transeúntes y se había quemado el calentador. Nuestro gozo, en un pozo; sin embargo, no nos cobraron.

Salimos al pueblo, necesitábamos un supermercado y un cajero.

Terminamos cenando en el restaurante de "El Zamorano" perdido entre callejas, libre del bullicio de los bares del muelle viejo atestados de ruidosos visitantes. Resultó un sitio especialmente divertido y especialmente barato. Comimos y bebimos como auténticos marineros. Estaba todo buenísimo. El zamorano y su camarero amenizaron el festín.

A las dos de la mañana y con las bolsas del supermercado nos dispusimos a saltar la fortaleza que protege el pantalán, por suerte, un vecino nos ofreció abrir la puerta...

Al día siguiente, tras una agradable charla con los británicos, puso de nuevo el Amazona proa al viento y dejó atrás un puerto más.


Escribir comentario

Comentarios: 0

Contacto

Puedes contactar con nosotros a través de:
amazonaquenoespoco@gmail.com

en G+ "amazonaquenoespoco"

Y en facebook síguenos en...
"Amazona Que No Es Poco"

Recibir actualizaciones

Si quieres que te avisemos cuando tengamos nuevas publicaciones, nuevos productos a la venta, cuando suceda algo especial...escríbenos a amazonaquenoespoco@gmail.com

¡Serás el primero en enterarte!