Primer viaje del amazona

Santander-Plentzia

En el "pequeño velero azul ese"

jun 2013


El pequeño Amazona entrando en silencio en una bahía de balleneros...entre la nieblina y la lluvia fina. Queríamos dormir en Laredo.

Y eso hicimos. Diez horas ciñendo. Norte 30º. Frío y desesperación. Todo estaba húmedo, pegajoso y salado.



Menos mal que teníamos estos caldos "Desafío extremo" Que no sólo te los puedes beber, sino que puedes metértelos en la cazadora y te ponen a tono.


Por la mañana se ve todo de otro color. Este puerto no es muy de balleneros, pero era cómodo y en la marina nadie respondió a nuestra llamada...



¿No hay nadie en ese edificio?


¿Ni en estos pantalanes? No, la respuesta es no.



Partimos de nuevo a las ocho de la mañana. El día no parecía mejor que el anterior. Nos abrigamos convenientemente. La ropa estaba mojada aún.


Y la bahía cada vez más lejos.



Pero, milagrosamente, una hora después, el sol decidió salir y acompañarnos en nuestro viaje.


Esta es una muestra clara, mi nariz es tan roja como el traje de aguas.



Avistamos de nuevo tierra. Tierra firme. Una ducha caliente y una cerveza fría. Esos eran nuestros deseos


¿Estábamos llegando a Invernalia? 

Lo parece, pero es Castro Urdiales.



Y a lo lejos se avistan otras tierras que conquistaremos en otro momento, en este viaje es que no nos cuadró, pero ya iremos... 


Aquí el Amazona. El Famoso "velero pequeño azul" el que nos da la fama. Y la gloria.



La génova delante del superpuerto. Posando. 


He aquí la ría a la que nadie viene, a la que nadie se atreve a entrar.



En todas partes hay hombes andando sobre las aguas. El mundo está lleno de Jesucristos.


Y su pequeño puertito que fue nuestra casa durante dos días. En él conocimos a Iñaki, hombre de profunda sabiduría -Si lo que os gusta es navegar, cuanto más despacio mejor, así dura más la travesía ¿Para qué quereis más viento?- Ciertamente nuestras caras fueron un poéma.


Y tanto baja la marea que tocamos dos veces. Pero el puente de Calatrava no podía faltar. 

La cantidad de barcos que hay en esta ría no deja de sorprenderme...


El Amazona abarloado a un pontón. Sin bandera. Libre. Y al sol.

Un cabracho de dos kilos con mi marinero de luces...un cabracho de dos kilos que nos comimos de resaca. Un cabracho de dos kilos y un san martín.


Gaviotas.

Colindres.


El Buciero de cerca...

Tan de cerca que nos dejó sin viento.


Aquí está el horizonte y nuestro compañero de viaje en él, el hombre que nos ofreció un cabo tres o cuatro horas más tarde, cuando casi no quedaba viento. Inocente...El Amazona navega siempre, sea como sea, incluso con el efecto suelo.

Este viaje, el primero con el Amazona, fue en Junio de 2013. La primera vez que conseguimos salir de la bahía santanderina, sin achantarnos por el parte meteorológico, que aunque no os lo creáis no era nada bueno.


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Comentarios: 4
  • #1

    Mindin (domingo, 21 diciembre 2014 13:31)

    Bonito viaje la verdad ojito que cabracho pero yo quizás prefiera el San Martin sois grandes

  • #2

    Esther San José Ricondo (domingo, 21 diciembre 2014 16:57)

    jejje Muchas gracias, Mindín.
    Por cierto...¡Estaban de muerte los dos!

  • #3

    Juan Carlos (miércoles, 02 agosto 2017 21:38)

    Muy bueno el relato y las fotos, seguro otros se animarán a imitarlos

  • #4

    Ester San José Ricondo (miércoles, 02 agosto 2017 21:58)

    ¡Esa es la idea!
    Gracias, es un gusto recibir vuestros mensajes.
    Buena proa, Juan Carlos!

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