La Vida en una Boya

(en solitario)




Día 1.

Me despierto animosa, a las 6:15 am, para llevar a Jose a tierra y empezar la vida en solitario a bordo del Sea Dragon. Vuelvo remando a toda leche porque necesito un café para poder decirle hola al día. Era demasiado pronto para tanta actividad.

Son las 9:00am y hace aparición una agradable brisa, así que me pongo en marcha con la intención de volver a tierra y caciquear un poco.

Para las 10:00am "la agradable brisa" ya no lo es tanto. El viento arrecia y hacen su aparición los adorables borreguitos.

A mediodía ya empiezo a tomar conciencia de que no voy a poder llegar a tierra. El fueraborda no funciona y los borreguitos ya son más altos que la dingui. El barco se mueve más que muchas atracciones de feria. He mirado la previsión y parece que mañana mejora...espero que sea así porque estoy empezando a odiar la salsa pesto.

Viendo el panorama, saco los apuntes de meteorología de patrón de yate y paso el día estudiando.

Son las 8:30pm. Estoy cociendo espaguetis. Les pondré pesto.



Día 2.

6:45 Abro el ojo. Esto no mejora. La cadena que me sujeta a la boya sigue haciendo "clon, clon, clon" Me propongo hacer cosas bonitas para levantar el ánimo y empiezo por el desayuno. No me queda leche. Me hago un pepito de lomo porque no hay comida más alegre en el mundo. Me como un plátano. Ya no me queda fruta, ni leche. Son las 8:00am.

8:15 Saco la cabeza y veo que está bajando el viento. Decido ponerme el peto y salgo a ver si arreglo el fueraborda. Parece sencillo y me pongo al lío...un poco de epoxi por aquí, un poco de teflón por allá...una abrazadera...

Después de un rato haciendo el idiota llego a la conclusión de que necesito otro destornillador y vuelvo al barco. Cuando regreso a la dingui me doy de bruces con una abeja y nos llevamos, las dos, un susto de muerte. Ella más, porque se posa en el suelo negro con la intención de esconderse, pero la zodiac hace agua y genero en mi retroceso una olita y va y se me ahoga.
Estoy triste por la abejita, pero sigo con el motor a ver si por lo menos salvo una vida (la mía). Al rato me doy cuenta de que no soy la única que está triste por el desafortunado suceso...¿Sabéis eso de "no mates una abeja que vienen más"? Pues es totalmente cierto. Han venido sus amigas y no sé cómo explicarles que ha sido un accidente. En la carrera he estudiado como se comunican, pero por mucho que agito el abdomen no observo cambios en su comportamiento. Decido meterme en el barco a ver si se olvidan del temita.

Termino con el motor. Son las 9:30 am y tengo la sensación de haber vivido toda una vida.

Ahora hay que esperar porque quiero que la masilla seque bien. Así que provecho para enredar un poco con el móvil y me llega un sms (cosa rara en estos tiempos). Era Jazztel para decirme que había agotado mi tarifa de datos. No tengo leche, no tengo fruta, no tengo datos. Empiezo a sentir miedo, pero miro el bote de tabaco y respiro aliviada.

Salgo a cubierta, no sin antes comprobar que no han vuelto las abejas, a tomar una cervecita con la intención de exponer mis piernas ante el astro rey (albergo la esperanza de que antes o después dejen de parecer las piernas de una escultura en mármol de Carrara).

Ya han pasado tres horas desde que terminé con el fueraborda y las piernas siguen igual, así que voy a ver si arranca. No arranca. Bueno, arrancó una vez y se paró y luego nunca más se supo. No me enfado, tengo remos.

He organizado un entierro vikingo a la abeja tonta, por miedo a que vuelvan sus amigas, y ahora me voy a comer una ensalada de garbanzos. Los garbanzos y el pesto no se acaban nunca.

Después de la siesta, eso de las 15:30, hago la mochila para ir a tierra y ducharme. El viento ha bajado y veo salir al vecino, un alemán que está más moreno que yo, me visto de persona y le sigo.
Me olvido la bolsa de la basura y tengo que volver a por ella.

Le he pillado el rollo a esto de remar y remo tanto que no me doy cuenta de que he llegado a la orilla hasta que el fueraborda, que sigue sin funcionar, roza con el fondo. Lo intento subir y, por supuesto, le falta la sujeción. Hago un amarre de fortuna con cosas que tengo flotando por el fondo de la dingui. Consigo llegar al muelle y tirar la basura.

Tengo un mareo de tierra digno de mención y ando de forma errática. Me doy cuenta porque la gente me mira raro.

Cuando consigo llegar a la oficina de la autoridad portuaria no hay nadie. Respiro hondo y me voy a tomar una cervecita al centro de personas mayores. Como tengo el pelo blanco no creo que desentone. Mientras disfruto de las vistas, envío un WhatsApp al policía portuario y resulta que hoy no trabaja. No pasa nada, tampoco estoy tan sucia.

De vuelta a la dingui me doy cuenta de que me han salido ampollas en una mano; en la otra, curiosamente, no.

Remo hasta que me choco con un barco que, por supuesto, no es el mío. Remo hasta mi barco.

Coloco toda la compra (he ido al supermercado) y me siento a fumar un piti mientras pienso en lo que voy a cenar (me embarga la emoción al ver tanta comida).

21:00 Estoy tan cansada que me hago un colacao y me tiro al catre de cabeza.


Día 3.

Hoy he conseguido dormir hasta las 8:00am. Creo que me voy acostumbrando al exceso de luz. Aquí el amanecer no es como en el norte, aquí te tiran con el sol a la cara directamente...Hace ¡Chas! Y aparece a tu lado...Desayuno con gafas de sol.

Hace bueno y hay menos viento (por fin). Me organizo el día para saltar a tierra por la tarde. Sigo sin ducharme y ya va apeteciendo agua caliente...Limpio y organizo el camarote, friego los cacharros, me atuso y gasto la mañana en retocar "un poco" mi currículo.

Cuando me doy cuenta son las doce del mediodía ¡La hora de la birra al sol! Me tomo la cerveza mirando a tierra y veo a un tipo pescando. Tengo artículos de pesca y, por lo que se ve, todo el tiempo del mundo; Pero los peces vivos me dan asquete y un poco de miedo, sin contar con que tendría que quitarle la vida sin mirar y con un cuchillo...lo veo peligroso y paso del tema (mi amiga Carla estará orgullosa de mí por esta última reflexión).
Mientras tanto ha venido una gaviota, se ha montado en mi dingui y me ha gritado. Me he levantado enfadada y he vociferado - ¡Baja de ahí, que me lo ponéis todo perdido! - y se ha bajado. Luego hemos pasado un rato mirándonos la una a la otra. La verdad es que están muy limpias y son bonitas, pero lo cagan todo.

Vuelvo a la rutina: comida y siesta.
Me despierto sobre las 15:30 y vuelvo a preparar la mochila para ir a ducharme, me visto y escribo al policía portuario. Está de baja. Hoy tampoco me ducho. Me estoy volviendo una hippie.

Paso de ir a tierra y salgo a tomar el fresco. Me pongo algo de música para no sentirme como un náufrago y me llevo un susto tierno, de esos de dar un bote, cuando veo una sombra por estribor. He conocido a uno de mis vecinos, está dos boyas más allá. Parece simpático (él habrá pensado que soy gilipollas) así que mañana, que ya me habré duchado, le invitaré a una birra (no sé si aceptará)....

Día 4.

Creo que ya me he puesto a son de mar. Hoy abrí el ojo a eso de las 6:45. El mar estaba como un plato. Un café con un bollito y ¡A por todas! Lo primero, como es costumbre, hacer la mochila para la ducha. Me llevo la helly hansen por si tengo que colarme en las duchas del club náutico y no levantar sospechas...

7:30
He decidido quitar el fueraborda de la dingui y ahora remo más ligera, pero sin control (por lo visto me hacía de timón).

Cuando llego a tierra ¡Oh! ¡Sorpresa! Me doy de bruces con una policía portuaria. Hemos tenido una pequeña discusión sobre si mi barco estaba en sus boyas o en las del club náutico (creo que es por la cazadora). La he dado el nombre del barco y como referencia he añadido: "Estoy al fondo de la bahía, detrás de un alemán" Se ha reído mucho, pero ha accedido a abrirme las duchas sin estar convencida de todo...Un rato después, mirando al puerto he visto que hay más barcos con bandera alemana que española y he entendido el porqué de su risa.

8:40 ¡Me he duchado! ¡Qué sensación! ¡Qué frescura! ¡Qué felicidad! Creo que peso un kilo menos. Así que he ido a tomar un café para celebrarlo y para pillar un poco de wifi. La vida sin datos no es lo mismo.

10:30 He vuelto al barco. En casa a estas horas todavía no me habría levantado ¡Qué vida tan ajetreada! Vuelvo a empezar el día. Tengo hambre otra vez...desayunaré y gastaré la mañana con los apuntes de meteorología.

Mientras estudiaba y tomaba el sol ha venido el policía portuario a traerme la llave de las duchas. Me siento como un perrete...no le conozco de nada y ya le amo con locura. Si tuviera una larga prolongación de la columna vertebral la agitaría para demostrarle mi agradecimiento. En su lugar, sonrío y le doy las gracias haciendo que soy una persona normal.

15:30 Estoy tan emocionada que no consigo echarme la siesta. Gasto el tiempo en darme crema, pues creo que me estoy secando como un bacalao. De la gente de la mar se dice que "están curtidos"...este no es mi caso, yo soy medio albina y con salitre por encima.

21:00 Es hora de cenar y...paso de hacer nada. No puedo con mi vida. Las fuerzas que me quedaban las he gastado en abrir una lata de mejillones.
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